
¡A fuego lento, por favor!
Silvia necesita un novio antes de que acabe la frase. El único hombre a mano es el que ha venido a quitarle su casa.
Silvia Reyes ha vuelto al pueblo con un restaurante hundido en Madrid, una venta heredada que se cae a pedazos y una carta del banco sujeta a la nevera con un imán de la Virgen. Lo que no tiene es pareja, cosa que a su ex —ahora prometido, encantador e insoportable— le encanta recordarle delante del pueblo entero. Hasta que a la boca de Silvia, que trabaja por libre desde 1994, se le ocurre anunciar que sale con alguien.
Con el chef. El del norte. El que esa misma mañana le ofreció comprarle la venta y le dijo que a su salmorejo le faltaba alma.
Juan Luis Iriarte tiene una estrella que ya no quiere, un secreto que no puede contar y ninguna intención de enamorarse en un pueblo de la sierra. Pero necesita una excusa para quedarse, y fingir que quiere a Silvia Reyes resulta insultantemente fácil. El trato es simple: él hace de novio hasta la feria y la ayuda a salvar la venta; ella le abre la cocina de su abuela. Hay una posada con una sola habitación habitable. La habitación tiene una sola cama. Y el pueblo entero ha abierto una porra.
- Enemigos a amantes
- Falso noviazgo
- Solo hay una cama
- Gruñón y luminosa
- Pueblo pequeño, feria grande
- Picante 🌶️🌶️🌶️
Historia autoconclusiva con final feliz garantizado. Para lectoras adultas.
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Apúntate a La carta de la venta y te lo mando ahora mismo. Después, una propuesta de viaje por la Andalucía que no sale en las postales a la semana, como mucho.